Crónica de un viaje (19-04-2009 al 24-04-2009)
Han pasado ya unos días desde que volví de mi aventura en solitario por media España y todavía no había escrito nada al respecto. Después de que Chimi me insistiera mucho en postear todo sobre el viaje y las pocas ganas de convertirme en un gandul como él, me han hecho animarme a narrar todo lo vivido.
He aquí el relato de mi viaje:
Jornada 1: Ibi – Salamanca
Salí de mi casa a las 8 de la mañana, no quería salir muy tarde para pasar cuanto antes el caos de Madrid y llegar más o menos a la hora de comer a Salamanca.
Primer problema una vez subido al coche y casi a punto de coger la autovía: mierda! me he dejado la pasta en efectivo en casa! me toca pasar por un cajero a sacar dinero para, por lo menos, poder almorzar por ahi.
Segundo problema una vez sacada la pasta: mierda! me da un apretón… se me revuelve el estómago y me tengo que ir cagando leches (y nunca mejor dicho) a mi piso a despedirme del señor Roca.
Una vez salvados los imprevistos, sobre las 8.40, pillo la autovía dirección a Madrid. Estaba cayendo un buen aguacero que me acompañó hasta pasar Albacete. Hubo momentos que creía que se iba a acabar el mundo ya que de repente se hacía una oscuridad bestial.
Sobre las 12 llegué a Madrid. Empieza el caos. El GPS me mete por medio de la ciudad para así evitar la autopista de peaje que rodea a Madrid por el sur. En el primer cambio de calle… ya la hemos liado! no era por donde me había marcado el aparato. Doy un par de vueltas y vuelvo al camino correcto, paso todo Madrid por túneles dirección a Coruña, por supuesto sin cobertura de GPS, no se cómo volví a dar con el camino correcto.
Ale, sigo buscando alguna indicación sobre Salamanca. Tardó en llegar pero llegó. Me llevé una alegría al comprobar que estaba yendo por autovías que el GPS no tenía ni idea de que existían, con el consiguiente ahorro de tiempo de conducción.
Sobre la 1.30 paro a comer en un bar de carretera en la provincia de Ávila. Me pido un pepito de ternera y cual fue mi sorpresa al ver que la camarera tenía justo al lado de la caja de cobrar un libro titulado “Satanismo y brujería”. Me quedo a cuadros… pero ya había pedido el bocata y no me iba a ir de allí sin comer!
Sigo mi camino.
Llego a Salamanca. Lo primero que hago: aparco en la avenida de Canalejas y busco alojamiento en un albergue. Por ir yo sólo y no tener más que habitaciones individuales con baño, me pegan una sablada de 25€, pero bueno, esa noche necesitaba descansar bien después de la panzá de kilómetros que me había pegado.
Me pasé toda la tarde paseando por la zona monumental de Salamanca. La plaza Mayor impresionante. Había multitud de gente por todos lados: sentada en las terracitas de los bares que la rodean, en los bancos del centro de la plaza e incluso gente tirada en el suelo.
Tras la agotadora jornada, me vuelvo al albergue a ducharme y cambiarme de ropa, salgo a cenar y a dormir. Mañana para Galicia.
Jornada 2: Salamanca – Ourense – Pontevedra – Combarro
Me puse el despertador a las 7.30. Al igual que el día anterior no quería salir muy tarde de Salamanca para no coger tráfico. Almuerzo en un bar enfrente del albergue, cargo las cosas en el coche y camino para Ourense.
A las 11.30, después de un par de horitas conduciendo y una vez en Galicia, paro en otro bar de carretera a comer algo. Me pido un bocata de lomo fresco con queso. La camarera galleguiña me saca casi una barra de pan casero con un trozaco de lomo fresco de unos 2 cm de grosor recien hecho a la brasa. Estaba tremendísimo! Me lo metí entre pecho y espalda junto con un zumo de naranja y continué hacia Ourense.
Llego a Ourense. ¿Donde voy? Vamos a ver que me dice el GPS… vale, una vueltecita por la ciudad en coche para estudiar el terreno y ya veo que hago. Uhm… pues va a ser que Ourense no me gusta mucho. Será cuestión de tirar hacia Vigo.
Cuando ya había salido de Ourense y estaba a punto de coger la carretera hacia Vigo, me vino en mente algo que me había dicho Chimi unos días antes: pasa de Vigo y tira directo para Pontevedra que está mejor! Pues le haremos caso, a Pontevedra!
Llego a Pontevedra y hago lo mismo que en Ourense: vueltecita con el coche para ver donde está todo. Tras dar muchas, muchísimas vueltas, decido dejar Pontevedra para un poquito más tarde y voy hacia un pueblo cercano, Marín (no, mi amigo Marín no… el pueblo se llamaba así!). No estaba mal el pueblo: al lado de la ría, más o menos grande, con muy buenas vistas.
Y ahora que? Pues iremos hacia Combarro, otro pueblecito pesquero que está justo a la otra parte de la ría enfrente de Marín y que me había recomendado mi compañero de trabajo Toni.
Combarro… impresionante el pueblo. Me dejó fascinado: Su casco antiguo pegado al mar, calles y casas de piedra… vamos, un encanto de pueblo. Yo no las horas que me pasaría paseando por sus calles, cada una tenía algo especial.
Después de recorrermelo todo decidí volver a Pontevedra para verla mejor. Hice bien. Aparqué donde pude y me puse a patear toda la zona antigua.
Para cenar, un buen plato de pulpo a feira y otro de pescaito frito de la ría.
Jornada 3: Combarro – Santiago – Finisterre
Tras pasar la noche en Combarro, era hora de ir hacia Santiago. Una ciudad que se debe visitar. Llegué a Santiago pronto, sobre las 10.30. Almorcé en un bar de abuelos que me encontré y empecé mi visita turística. A destacar: la plaza do Obradoiro. Nada más llegar me quedé pasmado ante la plaza y la catedral. Me senté en el suelo de la plaza, justo enfrente de la catedral y me puse a observar todos y cada uno de los detalles de la misma. Si por fuera era impresionante, por dentro mucho más aún (y encima se estaba fresquito!).
Pasee durante un buen rato por las callejuelas de Santiago y por el parque de la Caballería de Santa Susana y me fui a comer. Buscaba algo diferente a los bocadillos que me había hecho los dos días antes, y que mejor que una buena mariscada! Al final, en una taberna de una calle cercana a la catedral encontré la mariscada perfecta para mi. Estaba impresionante!
Tras la comida, un ratito más de relax sentado en la plaza do Obradoiro reposando la comida, unas vueltas más por la zona y rumbo a Finisterre.
El camino hacia Finisterre sin duda fue para recordarlo. Carreteras bastante malas, llenas de baches por todos lados, estrechísimas, donde incluso me tocó ir durante 15 minutos detrás de unas vacas que invadían toda la calzada. Pero no todo fue malo, una vez pasado el mal trago de la carretera, pasé por pueblos pequeñitos pegados a la playa, hasta que llegué al faro de Finisterre. Cuando te pones delante del faro tampoco lo ves gran cosa, pero cuando vas un poco más allá y te sientas en las rocas al borde del “acantilado” mirando hacia la inmensidad del mar… el tiempo se para a tu alrededor. Todos los problemas que tuvieras se te olvidan en un santiamén. Es un sitio que invita a todo el que lo visita a pensar, recapacitar, valorarse más a uno mismo. Para mi fué un sitio mágico. Mágico como su atardecer.
Esa noche, me tocó dormir alli en el coche. Pero no me arrepiento de ello. Ver el atardecer y el amanecer en el faro es impresionante.
Jornada 4: Finisterre – Coruña – Lugo
Tras una noche más o menos dura en el coche, me despierto pronto, sobre las 7.30. Veo el amanecer cerca del faro, desayuno un zumo que había comprado en Pontevedra y vuelta a la carretera.
Llegué pronto a Coruña, a la hora del almuerzo. Estuve dando unas vueltas por la ciudad con el coche para más o menos hacerme con los sitios interesantes a visitar. Sinceramente, Coruña no fue una ciudad que me llamara mucho la atención. Tras un largo rato metido en el coche buscando cosas interesantes, apareció la Torre de Hércules. Decidí aparcar el coche y patear un rato.
La torre en sí no está mal, por lo menos eso parece desde fuera ya que no me dejaron subir arriba por no ir en un grupo grande. Recorrí los alrededores de la torre, visitando una curiosa brújula hecha con baldosas que hay en el suelo a escasos metros frente al mar.
El parque que rodea la torre está muy bien también. Es un parque… mmm… escultórico? no se como llamarlo. Todo muy verde, bancos frente al mar para sentarse y descansar, con esculturas repartidas a lo largo de los recorridos marcados. Lo que más me llamó la atención de éste parque fue una pequeña playa de aguas cristalinas y arena blanca. Bajé a verla y, como en Pontevedra me quedé con ganas de probar el agua del Atlántico, me quité las zapatillas y calcetines, me subí los pantalones y me metí a chapotear un rato. El agua estaba helada! Recuerdo que con la primera ola que me mojó pensé: “Diosssss!!! se me van a caer los pies a trozos!”. Pero no, no se me cayeron! pude aguantar bien la temperatura durante unos 20 minutos… y más cuando vi como llegaba una chica en bikini, toda decidida, y se metió enterita en el agua. Olé sus huevos!
Cuando me cansé de la playa, volví al coche rumbo a Lugo.
De Lugo me encantó su casco antiguo totalmente amurallado. Se puede callejear durante un largo rato por el interior de la muralla y luego, subir a ella para verlo todo desde lo alto. Me sorprendió la cantidad de gente que me crucé caminando por encima de la muralla. Era la ruta del colesterol de Lugo.
Esa tarde yo no se el tiempo que estuve andando. Fue mucho rato dando vueltas por allí. Tanto es así que cuando llegué al albergue para darme una duchita, descansar un rato y salir a cenar, tenía los pies destrozados con ampollas. Iba medio cojeando, pero eso no me frenó para continuar con mi viaje.
Jornada 5: Lugo – León – Burgos – Atapuerca – Miranda del Ebro
A la mañana siguiente salí hacia León. La verdad es que León era la capital de provincia de la que menos sabía que había para visitar. Me sonaba algo de la catedral… pero tampoco estaba muy seguro, aunque al final no me equivoqué. Estuve poquito tiempo en la ciudad, únicamente visité la catedral y tuve suficiente.
Estando en la plaza de la catedral sentado en un banco junto a un abuelito, había a mi derecha, en otro banco, un personaje un tanto pintoresco. Creo que era un peregrino haciendo el Camino de Santiago, por lo menos por las pintas lo parecía. El hombre estaba sentado, mirando la catedral y mantenía una conversación consigo mismo que debía de ser muy interesante. Tenía pinta de loco, para que lo vamos a negar. El susodicho estaba hablando sólo a voces… pero es que además gesticulaba! Lo miré un par de veces y me quedé a cuadros. Incluso llegué a pensar que quizás a mi me faltaba poco para llegar a un estado mental así! Después del espectáculo y bajo un sol abrasador, volví al coche para dirigirme a Burgos.
En Burgos ya había estado de pasada hace unos años, cuando Masero y yo nos fuimos una semanita de vacaciones a Cantabria. Pero en aquella ocasión no paramos en la ciudad a ver nada.
Cuando llegué, tampoco esperaba encontrarme gran cosa. No se, no me imaginaba que Burgos tuviera mucho para visitar, pero me equivoqué totalmente. Como en el resto de sitios que había visitado, la catedral era el edificio emblemático. Yo no se como antiguamente la gente podía entretenerse tanto en hacer esas barbaridades de edificaciones. Recorrí las calles de Burgos y comí en un Kebap para, más tarde, subir al castillo.
Desde el castillo las vistas son increibles. Se ve toda la ciudad, donde destacan los edificios más importantes y, al fondo del paisaje, las montañas nevadas (que haya o no haya nieve dependerá de la época en que vayamos, está claro!)
Cuando acabé de visitar Burgos tuve una duda “existencial”. No sabía hacia donde ir!. Estuve mirando donde iba a dormir esa noche, mi idea era ir hacia Zamora y allí ir a otro albergue, pero en la guía de albergues que tenía ponía que dicho albergue únicamente estaba abierto en la temporada de verano… así que no tenía muchas opciones:
- arriesgarme a ir hacia Zamora (unas 2 horas) y no encontrar sitio donde dormir
- arriesgarme a ir directamente hacia Zaragoza (unas 4 horas) y tampoco encontrar sitio donde dormir ya que llegaría a la ciudad bastante tarde
- ir hacia el norte, a Miranda del Ebro donde sí había un albergue donde podría dormir y pasar de visitar Zamora
Así que opté por ésta última opción.
De camino a Miranda de Ebro, me encontré con unas indicaciones sobre el Yacimiento de Atapuerca, así que sin pensarmelo dos veces cogí la desviación y me dirigí hacia allá. Eran las 7 de la tarde, así que tenía que darme prisa en llegar porque no estaba muy seguro de si estaría abierto o no. Pasé un montón de pueblecitos pequeños, entre ellos Atapuerca. No paré ya que iba mal de tiempo, pero lo que vi me gustó mucho: un pueblo pequeñito, todo de piedra con mucho encanto. Tras unos 20 minutos conduciendo por carreteruchas y un camino de piedras que subía a la sierra, llegué a la puerta del yacimiento de Atapuerca y mis sospechas se confirmaron: estaba cerrado! Tuve que dar media vuelta y tirar hacia Miranda del Ebro.
Del trayecto de Burgos a Miranda del Ebro cabe destacar una cosa: el desfiladero de Pancorbo. Me impresionó muchísimo como estaba el pueblo pegado a unas paredes de piedra bestiales, la carretera discurría entre el desfiladero y las vistas eran preciosas.
Al final, llegué al albergue de Miranda del Ebro.
Jornada 6: Miranda del Ebro – Zaragoza – Ibi
La última mañana de mi viaje me levanté pronto. A las 8 ya estaba en pie. Bajé al comedor del albergue a desayunar, recogí mis cosas y me fui hacia Zaragoza.
La verdad es que estaba ya bastante harto de tantos kilómetros de carretera, así que no me compliqué mucho la cabeza y cogí la autopista. Me sorprendió las veces que cambié de comunidad autónoma: Castilla y León, País Vasco, La Rioja, Navarra, Aragón.
Al final llegué a Zaragoza. Aparqué el coche donde pude tras dar varias vueltas y me dirigí al Tourist Info de la plaza del Pilar a recoger información.
Según me comentó la chica del punto de información, lo que más valía la pena visitar de Zaragoza era la Plaza del Pilar y sus alrededores, y la verdad es que razón no le faltaba. La mayoría del tiempo que estuve en Zaragoza lo pasé en la plaza rodeado de palomas. Hay que ver la cantidad de palomas que se juntan… y más si hay algún niño o abuelete echándoles de comer!
Hacía un calor que “tetorras”. Para comer, me di una vuelta por la zona comercial de los alrededores de la plaza del Pilar y me metí en una sidrería donde me casqué una ensalada de salmón, carrillada al vino tinto y sandía al ron, amén de una botella de sidra natural. Para reposar un poco la comida y la botella de sidra que me había bebido yo sólo, volví a la plaza del Pilar y busqué una sombra donde sentarme a descansar y disfrutar de la tranquilidad de la sobremesa.
Sobre las 6 de la tarde me fuí a buscar un albergue para pasar la noche y así estar descansado para volverme al día siguiente. El que había en la guía de albergues que me dieron cuando me saqué el carné de alberguista estaba ese día al completo, así que, como era aún pronto, decidí coger el coche y tirar hacia casa.
Zaragoza – Ibi en 4 horas y algo. La única parada que hice fue en una gasolinera al pasar Teruel para comprarme un Twix y descansar un rato.
Llegué a casa a las 12 de la noche en punto. No descargué maletas ni nada. Conforme llegué me puse el pijama, cené un poco y enseguida me fui a la cama. Estaba rebentado del pedazo de viaje que me había pegado… pero a la vez me sentía muy bien conmigo mismo ya que había conseguido completar totalmente la aventura que me había marcado.
Volví moreno, no negro como el carbón pero moreno. El tiempo me acompañó muchísimo todos los días de mi viaje, alcanzando hasta temperaturas de 30º en Zaragoza. Los mosquitos pegados al parachoques de mi coche dan fe de ello.
Fueron 2900Km de carretera que me dieron la oportunidad para pensar en todo y en todos. Algunos miedos que tenía se quedaron en la carretera, por lo que puedo decir que volví como nuevo, con las ideas clarísimas, valorandome a mi mismo mucho más y sabiendo que cualquier reto que me plantee puedo conseguirlo siempre que le ponga ganas.
Ha sido un viaje mágico
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Comentarios
he visto la entrada de tu viaje, me ah encantado!!!! te has pegado un pedazo de currele redactando todo lo que hiciste ehhh???? jjejejjeje:)
BUENO QUE SEPAS QUE LAS FOTOS ME ENCANTAN ASI Q ME ESTAS ANIMANDO CADA VEZ MAS A QUE DECIDE HACER UIN VIAJECITO POR EL ESTILO!!!!
UN BESOTE JUANVI
De casualidad me he encontrado con tu blog…Y que casualidad!!!!Eres un valiente, ni me planteo hacer lo que tú te has atrevido a hacer, pero me muero de envidia. Ese tipo de viajes para reencontrarse con uno mismo deberíamos hacerlos todos, por lo menos una vez en la vida.
Con lo felices que éramos en nuestra etapa del cole, y lo fácil que nos parécía todo…y que diferente es la realidad…Me alegro de que tu viaje te haya sentado tan bien, a mi, por lo menos,me has hecho reflexionar…
Un besito de tu compi de cole, Mary.



































Vaya tela xato!….Piaso viajecito de “Ejercicios Espirutuales” que te has pegao…Con dos cojones!!
Eres un crack!